viernes, 21 de marzo de 2014

El incendio de la cochera de Mataderos.


En la página de sucesos de los tranvías de Madrid hay un capítulo específico dedicado a los incendios, especialmente a los incendios en las cocheras de tranvías. Los dos principales incendios se produjeron en la época de los tranvías de tracción animal, en pleno Siglo XIX. Y en ambos casos el origen del incendio se achacó al alumbrado utilizado en aquellos tiempos.

El incendio más importante fue el de la cochera de Mataderos, de la Compañía General Española de Tranvías (CGET), la del tranvía de Madrid a los Carabancheles y Leganés. Tan importante fue el incendio que estuvo a punto de suponer la desaparición de la Sociedad, al haber ardido la casi totalidad de los vehículos de la línea. Pudo salir adelante gracias a la solidaridad de las demás Empresas tranviarias madrileñas y a la activa intervención de las autoridades, especialmente del Gobernador civil, que hicieron factible esa ayuda.

Hacer la crónica de aquel suceso, y más a casi 120 años de distancia, tiene una especial dificultad. Si acudimos a los periódicos de la época nos encontramos con que la inmediatez de la noticia da lugar a que aparezcan informaciones contradictorias. Es preciso buscar un “común denominador” en esas informaciones para poder pergeñar una crónica que pueda resultar correcta en su contenido.

Es necesario empezar por señalar que en aquellos tiempos era común denominar “estación” a las cocheras de tranvías; que no extrañe si aparece ese nombre en algún recorte de prensa. Esa denominación era, incluso en aquellos tiempos, un tanto equívoca, y dio lugar, por ejemplo, a un largo pleito sobre la primera cochera de los tranvías madrileños, la de Serrano. Algún día hablaremos de ella.

La cochera de Mataderos fue la segunda cochera de la CGET. La primera fue la del Paseo de los Ocho Hilos, situada junto a la Puerta de Toledo. Se quedó pequeña y además, cuando la CGET inició sus experiencias con locomotoras de vapor, se topó con la oposición del Ayuntamiento. Así que decidió implantar unas nuevas y amplias cocheras en las afueras de Madrid, en plena “Carretera de Fuenlabrada”, la que llevaba a los Carabancheles y a Leganés, en un sitio denominado “Los Giros”. El nombre vulgar de aquella zona era “Mataderos”, y así se sigue denominando oficialmente en la actualidad. El plano adjunto es un detalle del Plano de Facundo Cañadas, de 1900. Señalo que estaba en terrenos del municipio de Carabanchel Bajo, justo en el límite (que lo era la calle del Radio) con Madrid.


El incendio tuvo lugar en la madrugada del 16 de noviembre de 1895. Así empezaba la crónica publicada en El Imparcial del sábado 16 de Noviembre de 1895.


Los siguientes párrafos son “recortes de prensa”, seleccionados de distintos periódicos:

Un voraz incendio, de extraordinarias proporciones, se declaró ayer de madrugada en las cocheras del Tranvía de Leganés, situadas en el término del vecino pueblo de Carabanchel y barrio denominado de los Mataderos.

Próximamente a la una y cuarto de la madrugada, el vigilante nocturno de la estación del tranvía de Leganés, Félix Vallejo, honrado operario que lleva prestando servicios a la Compañía, advirtió la presencia del siniestro.

El primer carruaje, el que se hallaba más inmediato a la puerta de entrada, y por consiguiente, el último que había entrado en el cocherón, estaba ardiendo en pompa. Es de suponer que ese carruaje, que debió estar circulando hasta las doce y media, fue dejado en la cochera con la luz del quinqué mal apagada. El petróleo debió de inflamarse, y entonces se produjo el siniestro, propagándose inmediatamente de manera tan formidable.

El vigilante Vallejo, al advertir la presencia del incendio, corrió a dar aviso a mayorales y mozos de cuadra, a todos los empleados que se hallaban en la estación. Acudieron éstos rápidamente, pero ya era tarde. Una inmensa hoguera cubría casi por completo la entrada del cocherón, puesto que a la entrada se hallaba el coche primeramente incendiado, y no había posibilidad de que nadie penetrase sin inminente riesgo de perder la vida.

Aún hicieron una prueba los arrojados operarios de la Compañía. Pero no lograron sino sacar de allí cuatro carruajes. Con algunos minutos de tregua podrían haberse salvado casi todos. Una de las vías estaba expedita, y la pendiente considerable que hay a la salida del edificio, del que fue edificio, habría facilitado la operación. Todo fue inútil.

Salvados esos carruajes, todos los demás, hasta cuarenta y ocho, entre jardineras y coches de invierno, fueron en pocos momentos pasto de las llamas. Toda la techumbre del cocherón se desplomó con horrible estrépito.

Se salvaron todas las mulas, de las que habría en las cuadras, según nos dijeron allí, unas trescientas. Fue a aquellos departamentos a donde inmediatamente acudieron los empleados de la Compañía, para salvar el ganado, ya que no era posible salvar el material. Las mulas se sacaron a la carretera.

El siniestro no llegó hasta las cuadras, situadas en un departamento separado del cocherón y talleres de carpintería y pintura. Estos fueron también pasto de las llamas en absoluto.

Cuando los bomberos llegaron, iniciaron los trabajos de extinción, y muy principalmente los de aislamiento. El heroico personal del servicio de incendios trabajó con su acostumbrado valor, consiguiendo en parte evitar que el fuego se propagara a la pajera.

Las autoridades de Madrid y algunos jefes de los regimientos acantonados en Leganés dictaban acertadas órdenes y ayudaban a los bomberos a localizar el incendio. No han ocurrido desgracias personales.

A las cinco de la madrugada quedó extinguido el incendio por falta de combustible.

Las pérdidas que la Compañía ha sufrido se calculan en 40.000 duros. Se calculan en más de 200 las familias que por el momento han quedado sin medio de subsistencia con motivo del siniestro.


El número de vehículos destruidos fue de 44. Y el fuego sí que afecto a las casas de vecindad contiguas, hundiéndose el techo de una de ellas. Ardió la cochera, a excepción de las cuadras. El quinqué supuesto causante del incendio correspondía a la dotación de alumbrado del último coche que había encerrado aquella noche a eso de las doce y media, y que quedó aparcado justo en la puerta de entrada. Por una segunda vía paralela pudieron sacar cuatro coches, pero el incremento del fuego en ese coche no permitió sacar más. ¿Alguien se imagina esos cuatro coches salvados (por las fechas serían coches cerrados) descendiendo “a su aire”, calle de General Ricardos abajo, hasta el Puente de Toledo?

En aquella época el sábado era un día laborable más. La CGET dio servicio el sábado con sólo los cuatro tranvías que se habían salvado. Los periódicos del domingo recapitulaban la situación:


El servicio se hizo ayer solamente con los coches que pudieron salvarse del incendio. Los coches eran tomados por asalto en la Puerta del Sol. En el cocherón veíanse sobre las vías las ruedas alineadas y negras de los carruajes medio ocultas bajo los restos de los armazones y de los escombros.

Se dice que desde hoy, una conocida empresa de ómnibus establecerá un servicio entre la Puerta del Sol y Carabanchel, ínterin normaliza el servicio la empresa de Leganés. También parece que esta empresa ha gestionado la concesión de coches de otras compañías para poder dar cumplimiento al público.

La Sociedad del Tranvía del Este ha facilitado para ello todos los coches sobrantes del servicio ordinario; como el número de coches cerrados que posee esta empresa es limitado, ha sido autorizada para poner jardineras los días festivos, y solamente como aumento de servicio ordinario.

El Tranvía de Madrid ha facilitado cuatro jardineras de las cerradas por los extremos.


La CGET solicitó de las demás empresas de tranvías el préstamo de tranvías para poder prestar un servicio más amplio, y en esa gestión intervino el Gobernador civil.

En los tranvías de tracción animal, todas las Empresas tenían un cierto número de tranvías abiertos, jardineras, que se ponían en servicio en el buen tiempo. Era mediados de Noviembre, se supone que el tiempo ya no acompañaba, y todas las Empresas de tranvías urbanos tenían disponibles en cocheras cierta cantidad de jardineras que podían prestar al Tranvía de Leganés.

El mayor problema estaba en que, como la línea de los Carabancheles y Leganés circulaba por despoblado, no se podían utilizar las jardineras urbanas, que carecían de pared transversal que cortara el viento. Por eso la noticia señala que el Tranvía de Madrid prestó cuatro jardineras “de las cerradas por los extremos”, probablemente cuatro jardineras Brill del Tranvía del Hipódromo.

El Tranvía del Este tenía un parque sobredimensionado para hacer frente a la punta de tráfico de los Servicios Especiales a los Toros y de los refuerzos a los merenderos de Las Ventas. Para poder prestar coches cerrados al Tranvía de Leganés fue autorizado a poner jardineras en servicio los festivos pero sólo en los refuerzos a Las Ventas. Una gestión del Gobernador facilitó que los dos coches cerrados del difunto Tranvía de La Moncloa pasaran a prestar servicio en el Tranvía de Leganés.

La CGET reconstruyó totalmente sus cocheras de Mataderos, y compró nuevos tranvías. Cocheras y tranvías estuvieron en servicio hasta que el 3 de marzo de 1903 entró en servicio la electrificación desde Madrid a Carabanchel Alto. Bueno, durante un par de meses más quedó en servicio un tranvía de mulas desde Carabanchel Alto a Leganés. Las cocheras de Mataderos fueron inmediatamente vendidas a D. Antonio López Pabón, que consiguió alquilarlas para caballerizas del Escuadrón del Cuerpo de Seguridad.


Al principio de esta entrada cité que había otro caso de incendio de cochera con importantes daños materiales pero, afortunadamente, también sin desgracias personales:

Incendio en la cochera de Cuatro Caminos, del Tranvía del Norte, el 29 de Junio de 1899. En un periódico leemos: “Poco después de las tres y media salían grandes llamaradas de las cocheras que más arriba de los Cuatro Caminos tiene establecidas el Tranvía del Norte. [...] Éste (el fuego) había comenzado en un cocherón grande, donde había encerrados nueve coches, ocho de invierno y uno de los llamados jardineras, amenazando propagarse a la caballeriza, situada al lado. La rapidez con que se atacó en sus comienzos el incendio fue causa de que quedara localizado en el antedicho cocherón, quedando reducidas las pérdidas a la de los referidos coches y el local donde se hallaban, del cual no han quedado mas que las paredes”. Como origen del incendio se citó un quinqué de petróleo olvidado por un limpiador sobre uno de los carruajes. Las pérdidas se calcularon en unas 40.000 pesetas.

Nuevo Mundo, 5 de julio de 1899.

Saludos.
José Antonio.

jueves, 13 de marzo de 2014

El Frontón Fiesta Alegre.


Hoy quiero presentar un tema que une el barrio madrileño de Argüelles, en el que transcurrió una parte de mi vida, con un tema tranviario. Cuando investigaba la historia de los transportes madrileños batiendo textos municipales o la prensa de la época, prestaba también especial atención a los temas relacionados con mi barrio de Argüelles, que precisamente nació en la época que yo estaba investigando; y del que me interesaba especialmente la parte comprendida entre Marqués de Urquijo y Moret (la "ampliación" del barrio de Argüelles). Así conocí cómo había ido evolucionando desde ser un terreno yermo, rellenado con escombros y desmontes para allanar sus calles, hasta la situación que conocí en mi infancia, todavía con las huellas de la reciente Guerra.

En mis investigaciones fui viendo cómo en la preguerra había en la parte baja del barrio, calles de Ferrraz y de Rosales, una serie de teatrillos y otros establecimientos de esparcimiento. Llegué a conocer el paredón del fondo del escenario de uno de esos teatros, que la Guerra no había conseguido abatir. Pero mi gran sorpresa fue descubrir que habíamos tenido un frontón, el más grande de Madrid, del que nunca había tenido noticia, ni siquiera por mi madre, habitante de Argüelles desde 1925.

El Frontón ocupaba la parte Oeste de la manzana delimitada por las calles de Marqués de Urquijo, Mendizábal (después Víctor Pradera y hoy Juan Álvarez Mendizábal), Altamirano y Don Martín (hoy Martín de los Heros). Su fachada principal estaba en los pares de la calle del Marqués de Urquijo (actual nº 26 ). Ocupaba toda la acera de los pares de la calle de Mendizábal (actuales números 74 y 76) y la trasera ocupaba los actuales números 19 y 17 de la calle de Altamirano.

Este era el aspecto del Frontón, esquina Marqués de Urquijo / Mendizábal:

La Ilustración Española y Americana, 15 de mayo de 1892

Un inciso para mostrar cómo es en la actualidad (2014) esa esquina, en imagen de Street View de Google.


La descripción del Frontón era ésta: 

La Época, 5 de mayo de 1892.

Inaugurado el 6 de mayo de 1892, el nuevo Frontón tuvo un gran éxito, en un momento en el que en Madrid aparecieron varios frontones, siendo las apuestas el gran motor de su éxito. Hasta que la burbuja se pinchó... Constaté que, de pronto, no encontraba referencias a partidos de pelota en este Frontón. Y en la descripción del recorrido de los “Tranvías especiales de recreo” en el verano de 1906, se describe así el paso por la calle del Marqués de Urquijo: “el frontón de la calle del Marqués de Urquijo, convertido en parque de Sanidad o de Administración Militar”. Así que en algún momento dejó de ser utilizado como frontón, pasando a ser utilizado por la Sanidad militar. Y en el plano de 1900, que ahora veremos, ya aparece así.

Conseguí encontrar una pista de su desaparición en el siguiente recorte:


La Época, 13 de junio de 1896.

Parece que sin apuestas, ya no había afición.


Volvamos al emplazamiento del Frontón, mostrando dónde estaba exactamente. Utilizaré unos recortes de planos de Madrid en distintas épocas, cuando ya el Frontón había dejado de tener ese uso.Los planos siguientes proceden de esta página.


Empezamos por el “Plano de Madrid y pueblos colindantes” de 1900 de Facundo Cañada. El Frontón está casi en el centro de la ventana, en la parcela marrón marcada con el número 234. En una capa de identificación de edificios se señala como “Cuartel de la Brigada de Sanidad militar”.



La forma de la parcela y de la edificación es mucho más correcta en el Plano de Pedro Núñez Granés, de 1910. Edificio en rojo, con el número 9.



Es curioso que en el plano correspondiente al “Vuelo de 1927” sigue apareciendo el edificio, aunque se aprecian también otras edificaciones en la parcela.

 

Ya que estamos con planos antiguos, veamos cómo es en la actualidad, en imagen Satélite de Google. Por comparación, es fácil identificar cómo la parcela se repartió entre un gran edificio en la esquina de Marqués de Urquijo con Mendizábal (cubierta gris) y dos edificios más pequeños del lado de Altamirano, con cubierta roja el de la esquina con Mendizábal y con cubierta blanca el adyacente. En el centro de la calle de Mendizábal, separando ambos grupos de edificios, está la entrada de una nave; en la imagen, sobre ella cae la sombra del edificio de cubierta gris.



¿Qué supuso la aparición de este Frontón para el servicio de tranvías? Volvamos al plano de 1900, en el que aparecen en línea continua roja las líneas de tranvías, que ya eran eléctricos; en 1892, cuando se abrió el Frontón,  todos los tranvías eran de mulas. Con un aforo de 5.500 localidades, el Frontón constituyó la mayor fuente de tráfico, en los días de partido, para los tranvías de Argüelles (por Ferraz) y de Pozas (por Princesa), y para el de Ferraz a Claudio Coello (por Marqués de Urquijo); un origen de tráfico equivalente a la Plaza de Toros y al Hipódromo. Las tres líneas las explotaba el Tranvía de Madrid.

Por la calle del Marqués de Urquijo, fachada principal del Frontón, bajaba la línea de Claudio Coello a Ferraz, que acababa 100 metros más abajo, en el cruce con la calle de Ferraz. Era una línea de vía única, a causa de la obstrucción del Tranvía de Locatelli. Esta línea pasaba por la Plaza de Colón, Génova y los Bulevares. En el plano, es la larga línea que baja en diagonal desde el costado derecho hasta la esquina inferior izquierda.



En la citada esquina de Marqués de Urquijo con Ferraz moría otra línea de tranvías, en la calle de Ferraz, procedente de la Puerta del Sol por las calles de Mayor y Bailén. Esta línea hasta entonces era de vía única desde Ventura Rodríguez, y hubo de ser duplicada por el incremento de tráfico debido al Frontón. Esta era la línea denominada “de Argüelles”. En el plano, es la corta línea desde la parte baja.

Si nos fijamos en el nudo tranviario situado en el extremo derecho del plano, la línea que sube desde el lado derecho es la línea de Pozas, por la calle de la Princesa, que era de vía doble hasta ese cruce y desde allí, saliendo por la parte alta del plano, vía única hasta la Cárcel Modelo (actual Plaza de la Moncloa). Esta línea también procedía de la Puerta del Sol y  se separaba de la de Argüelles para subir a Princesa por Ventura Rodríguez. En los primeros momentos, esta línea es la que tuvo que soportar el grueso del tráfico.

En la prensa se anunciaba: “La empresa del Tranvía de Madrid establecerá un servicio especial con 40 carruajes para llevar al público desde la Puerta del Sol a la del Frontón. Cada billete costará 20 céntimos”.


En los periódicos de la época son frecuentes las noticias sobre incidentes por sobrecarga en los tranvías con destino al Frontón. La empresa del Tranvía de Madrid se cura en salud con este anuncio: “Tranvía de Madrid. Esta empresa ruega al público se abstenga de ocupar los carruajes de la misma, después de colocada la tablilla de Completo, a fin de no incurrir en infracción de lo que disponen las Ordenanzas municipales. El Director”.

Poco después, el 4 de mayo de 1893, ocurre un incidente en la Puerta del Sol a las cinco de la tarde, en un tranvía cargado de aficionados a la pelota camino del Frontón Fiesta Alegre: “En vista de las frecuentes multas que un teniente de alcalde impone a la empresa del Tranvía de Madrid por permitir en los coches mayor número de personas que las que prescribe el reglamento, el Procurador de la citada Compañía, Sr. García Ortega, reclamó ayer tarde el auxilio de los agentes de la autoridad para que hicieran descender de uno de los coches del barrio de Argüelles a varios individuos que lo ocupaban. Los guardias se negaron a auxiliar al procurador, pretextando que no tenían atribuciones para ello, y aquél dispuso que se retrasara la salida del coche, mientras volvía a la Puerta del Sol acompañado de un Notario, que levantó acta de que los agentes se negaban a cumplir las disposiciones de la autoridad. Aquéllos intentaron detener al Notario y al procurador, pero estos hicieron valer sus derechos ante un capitán de Orden Público”.


A quien busque más información sobre este “Frontón Fiesta Alegre” debo ponerle en guardia. Desaparecida la utilización deportiva en este frontón, apareció otro con el mismo nombre, situado en la calle de Alfonso XI y en el que, después de la Guerra, jugó el Real Madrid de Baloncesto. Internet está plagado de referencias erróneas a que el Real Madrid jugaba en el Fiesta Alegre de Marqués de Urquijo. “Beware of pickpockets”.

Saludos.
José Antonio.

miércoles, 5 de marzo de 2014

El duro final de los tranvías de vapor de Madrid (y 4).

El Tranvía de Madrid a El Pardo.

Hubo numerosos intentos de implantar un tranvía entre Madrid y el Real Sitio de El Pardo, tanto en tracción animal como en tracción vapor. Hubo un tranvía de tracción animal, la concesión Fallola de 22 de abril de 1876, que llegó a construir el tramo urbano en Madrid. Esta concesión fue adquirida por la CGET (el “Tranvía de Leganés”) que puso en servicio (10 de enero de 1878) el tramo desde la Plaza Mayor hasta la Estación del Norte, por las calles de Toledo, Segovia y Virgen del Puerto. Pero no fue capaz de continuar la construcción hasta El Pardo; se declaró la caducidad de la concesión, el servicio cesó el 31 de marzo de 1879, y la vía fue levantada por el Ayuntamiento. Poco y confuso se había publicado hasta ahora sobre este tranvía.

Pasemos a nuestro tranvía de vapor, el que finalmente entró en servicio. La historia se inició el 2 de junio de 1891, con la presentación en el Ministerio de Fomento de una solicitud de concesión de un tranvía de vapor entre la Glorieta de San Antonio de la Florida y el Real Sitio de El Pardo. El solicitante era D. Félix Fernández Eduarte, vecino de Plasencia (Cáceres). La tramitación del expediente siguió sus trámites, se aprobó el proyecto y se aprobó el pliego de condiciones en abril de 1892; pero Fernández Eduarte no se presentó a firmar su aceptación del pliego de condiciones. Fernández Eduarte falleció y se produjeron dos cesiones del proyecto, convocándose al fin la correspondiente subasta.

En la subasta no se presentaron postores, y la concesión se otorgó a D. Pío Agustín Carrasco el 15 de octubre de 1898. Se describe como un tranvía con motor de vapor desde Madrid, Glorieta de San Antonio de la Florida, al Real Sitio de El Pardo, utilizando para el emplazamiento de esta vía férrea las carreteras de primer orden de Madrid a La Coruña y del Puente de San Fernando al Real Sitio de El Pardo.

Tuvo lugar un simulacro de inicio de las obras, dentro de plazo, pero el 3 de enero de 1900 D. Pío Agustín Carrasco y D. Isidro García Lastra presentaron en el Ministerio de Fomento una instancia solicitando se aprobara la transferencia de la concesión, del primero al segundo; así se aprobó. Todavía no se habían acabado los períodos de negociar, primero con el proyecto y después con la concesión.

El nuevo concesionario, García Lastra, solicitó dos años de prórroga para realizar las obras, alegando dificultades para adquirir el material fijo y móvil en las fábricas extranjeras. Le concedieron los dos años, con unas cláusulas de porcentaje de obra realizada en cada semestre. También se autorizaron unas pequeñas modificaciones en el proyecto. La concesión se elevó a escritura pública el 14 de marzo de 1902.

El 20 de mayo de 1902 se firmó la escritura de constitución de la Sociedad Anónima del Tranvía de Vapor de Madrid al Pardo, con una participación destacada de los Urquijo. García Lastra, abogado, aportaba la concesión. En septiembre de 1903 se autorizó la transferencia de la concesión.



Las obras avanzaban. El 28 de septiembre de 1902 una locomotora recorría por primera vez la línea. Aunque no estaba disponible todo el material motor y remolcado, se autorizó la apertura al servicio público. El primer tren de este tranvía de vapor salió de San Antonio de la Florida a las nueve de la mañana del 15 de octubre de 1902.

Poco duró la alegría. En Noviembre se suspendía el servicio por haberse inutilizado las dos locomotoras; ¡buena paliza les debieron dar el día de San Eugenio, 15 de noviembre, romería a El Pardo! Repararon de mala manera una de las locomotoras, y con algunas interrupciones, pudieron mantener un servicio mínimo, hasta que se incorporaron otras dos locomotoras en abril de 1903. La realidad es que desde entonces la Sociedad sólo tuvo tres locomotoras útiles para el servicio.

En octubre de 1903 la Sociedad solicitó doble vía entre Madrid y la Puerta de Hierro. Afortunadamente, no se autorizó. Salvo los festivos, el número de viajeros del tranvía era muy bajo, y en cambio esa carretera, carretera de La Coruña, tenía mucha circulación. Los choques con carros y automóviles eran demasiado frecuentes. Indudablemente, en todos esos accidentes podría tener influencia la baja capacitación de todo el personal de la Sociedad, tema que era comentado en la prensa. Muchachos menores de edad conducían las locomotoras, y se pedía un “obrero montador” para jefe de depósito y taller. Accidentes, averías y mala organización del servicio fueron constantes a lo largo de su corta existencia.

Los resultados económicos no eran buenos. No existía un tráfico regular suficiente para mantener el tranvía, y tuvo que volcarse en los excursionistas de fin de semana. Abrió un kiosco en El Pardo en el que expendía refrescos y preparaba meriendas. En su intento de atraer viajeros, en el Otoño de 1904 la Sociedad organizó excursiones en días laborables con un billete único combinado desde la Puerta del Sol, incluyendo almuerzo o lunch en el restaurante El Cantábrico, de El Pardo.




Llegó la Guerra Europea (1914) y las subidas de precios, muy especialmente el del carbón, golpearon duramente a la Sociedad del Tranvía de El Pardo. En junio de 1917, la Sociedad solicitó de Fomento que, mientras duraran esas circunstancias, le permitiera suspender el servicio sin incurrir en ninguna penalidad. Y los funcionarios se dedicaron a pedir informes, cuyos resultados son reveladores. El año que tuvo mayor número de viajeros, 1904, tuvo un promedio diario de 557 viajeros. En 1916 la cifra fue de 334 viajeros/día, estando ya abierto al servicio el tranvía eléctrico de Puerta de Hierro, que restaba viajeros desde Madrid a ese punto. Con el incremento del precio del carbón, la situación era insostenible. Pero aquellos funcionarios no quisieron aplicar que se trataba de causa de fuerza mayor ajena a la empresa, y se dedicaron a perder el tiempo, algo muy fácil para ellos, hasta que el tranvía tuvo que cerrar; y encima le dijeron que había cerrado sin seguir el procedimiento legal establecido. ¡Como si para morirse hubiera que pedir permiso!

La Sociedad presentó un nuevo escrito en el Ministerio de Obras Públicas el 1 de febrero de 1918 diciendo que había agotado todos sus recursos, y que el día 4 tendría que interrumpir el servicio. Y, efectivamente, el 4 de febrero de 1918 salió de San Antonio de la Florida, a las 09,40 horas, el último tranvía de vapor para El Pardo.

Ayuntamiento de El Pardo, Ministerio, Gobernador civil, público y prensa estaban en contra de la Sociedad. Se intentó solicitar un crédito extraordinario de cien mil pesetas para que la Administración mantuviera el servicio. El presupuesto preparado para la explotación en el segundo semestre de 1918 preveía unos gastos de 55.189,79 pesetas, con unos ingresos previsibles inferiores a 20.000 pesetas. Las cifras correspondientes a 1917 fueron 49.991,73 pesetas de ingresos frente a 85.681,25 pesetas de gastos. Se presentó el correspondiente proyecto de Ley, pero no se consiguió nada.

Mientras tanto, el Gobernador civil autorizaba en marzo de 1918 un servicio con autobuses de 14 asientos, solicitado por D. Sirvilio Torrego Ardera, que sustituía al tranvía de vapor. El servicio al público se inició el 22 de marzo de 1918. Para esto sí anduvo ágil el Gobernador.

La Sociedad solicitó en noviembre de 1922 la resolución del contrato, por causa de fuerza mayor; y en diciembre de 1923 se inició el expediente de caducidad de la concesión. La Sociedad reiteró en varias ocasiones la solicitud de rescisión del contrato de concesión. Un informe de 1930 señalaba que la vía estaba cubierta por betún asfáltico, y que en la práctica era imposible volver a abrirla a la explotación, caso de que se convocara nueva subasta.

En algún momento anterior a Julio de 1933 se ensanchó la carretera y se levantaron los carriles. Un Organismo denominado Gabinete de Accesos y Extrarradio decidió llevar a cabo unas obras de reparación y ensanche en la carretera de El Pardo, arrancó las vías y apiló los carriles en los márgenes de la carretera. Un informe señalaba que podía haber en los márgenes de la carretera unas 450 toneladas de carriles, y que en la cochera de El Pardo quedaban tres locomotoras en pésimo estado y restos de vehículos. No quedaba más remedio que declarar la caducidad, y el expediente se reactivó. Un informe del Consejo de Estado señalaba que una cosa es la causa de fuerza mayor, y otra la insolvencia de la Sociedad. El 21 de febrero de 1934 se declaró la caducidad de la concesión.

El Tranvía de vapor de Madrid al Real Sitio de El Pardo murió por insuficiencia económica de la Sociedad concesionaria. Le ayudaron a morir la crisis provocada por la Primera Guerra Mundial y el funcionarismo.


Este es "El duro final de los tranvías de vapor de Madrid" en PDF.


Saludos.
José Antonio

sábado, 1 de marzo de 2014

El duro final de los tranvías de vapor de Madrid (3).

El Tranvía de Madrid a Vallecas y Canteras.

Si la legislación española sobre ferrocarriles y tranvías no hubiera sido tan complicada, este Tranvía de Madrid a Vallecas hubiera sido un simple ferrocarril industrial, dedicado a la industria del yeso.

El Tranvía de Vallecas inició su andadura como Tranvía de Arganda. Ya en 1864 se había solicitado un ferrocarril de fuerza animal (un tranvía), de Madrid a Vacia-Madrid y Arganda, cuyo principal objetivo era traer a Madrid materiales de construcción. No llegó a obtener la concesión.

El 5 de febrero de 1875 se inició la historia de este Tranvía, con una instancia de D. Luis Figuera y Silvela. Solicitaba la aprobación de los estudios que había realizado de un ferrocarril de sangre desde la carretera de Valencia, en Madrid, al pueblo de Arganda, así como la concesión definitiva y la declaración de utilidad pública. Vía métrica. Desde el primer momento se planteó la duda oficial sobre la resistencia del puente colgante sobre el Jarama en Arganda, propiedad de la Sociedad de Puentes Colgantes, que lo cedió a Figuera.

El tema se encalló por culpa del puente, y Figuera ofreció hacer un puente de hierro, cuyo estudio tenía ya autorizado; para que el tema del puente no frenara el expediente de concesión. Figuera consiguió las autorizaciones de los Ayuntamientos de Vallecas y de Arganda; en Madrid, ya estaba el Tranvía de Estaciones y Mercados (TEM), y Figuera solicitó que le dieran la concesión desde el límite de la competencia del Ayuntamiento de Madrid. El proyecto de puente de hierro se aprobó en abril de 1880.

Se concedió el tranvía el 29 de enero de 1878, partiendo del kilómetro 3,691 de la carretera de Madrid a Castellón de la Plana (límite de la zona dependiente de la autoridad del Ayuntamiento de Madrid), hasta Arganda del Rey. Si la concesión en Madrid del TEM bloqueó al Tranvía de Arganda, la concesión del Tranvía de Arganda bloqueó también la prolongación del TEM al Puente de Vallecas. Dos graves errores de Obras Públicas; pero así era la Ley.

Por escritura pública de 22 de abril de 1878 se creó una Sociedad Anónima denominada Compañía del Tramvía de Madrid a Arganda. Y se iniciaron oficialmente las obras. Pero el Director de la Compañía solicitó que se le autorizara cambiar el ancho de vía, al mismo del Tranvía de Estaciones y Mercados, (ancho que es común a todos los tranvías de Madrid), para poder empalmar con él. Se aprobó el cambio. El TEM ya había anunciado que estaba en tratos con el Tranvía de Arganda para una explotación conjunta.

Distintas peticiones en 1879. El cruce en el paso a nivel del Ferrocarril de MZA en Vallecas; le indican cómo debe realizarlo. Y la construcción de una cochera, con capacidad para 24 coches, en el barrio del Pacífico, frente a la cochera del Tranvía de Estaciones y Mercados.

El 24 de noviembre de 1879 se abrió a la explotación pública el tramo desde el Pacífico hasta el Puente de Vallecas (arroyo Abroñigal).

La Compañía no conseguía resolver el cruce del paso a nivel con MZA, y le concedieron sucesivas prórrogas. Y el 28 de abril de 1881 se autorizó la explotación de la línea desde Madrid hasta el paso a nivel.

Era evidente que los problemas no eran sólo el cruce del paso a nivel de MZA en Vallecas. La Compañía del Tramvía de Madrid a Arganda transfirió los derechos, acciones y pertenencias de esta línea a D. Hipólito Rodrigañez y Sagasta (que era accionista y su Director en ese momento), por escritura de 14 de febrero de 1883, declarándose disuelta la Sociedad; se aprobó esta cesión. Por otra parte, se “refundó” la Compañía del Tranvía de Madrid a Arganda, por escritura de 4 de abril de 1883, libre de las deudas de la antigua Sociedad, que quedaban a cargo del Sr. Rodrigañez. Y le concedieron nueva prórroga de 18 meses para que pudiera enmendar sus desdichas.

La Memoria del ejercicio de 1883 nos permite conocer que estaban en explotación, limitados al transporte de viajeros, los 6 kilómetros de Madrid a Vallecas. Por otra parte, ya se había recibido vía Haarmann, que se esperaba instalar entre Vallecas y las canteras de Vallecas, confiando en recibir las locomotoras y vagones de Krauss y de P. Herbrand y Cía. Para más adelante estaba previsto sustituir la vía de Madrid a Vallecas (Loubat) por una de mayor solidez, con un metro de anchura, con lo que sus vehículos podrían circular sin interrupción entre el barrio del Pacífico y las canteras de Vallecas. Se trata del cambio de ancho de vía. La sustitución de la vía Loubat por la Haarmann se autorizó en diciembre de 1884.

En mayo de 1884 se aprobó una modificación del proyecto a fin de que la vía pudiera seguir la carretera de Vallecas hasta el hito del kilómetro 9. Ya se perfilaba el futuro de la línea.

Mientras tanto, se otorgaba una concesión a un competidor, que ayudó a conformar el futuro del tranvía de Madrid a Arganda por Vallecas. El 25 de junio de 1884 se otorgó a la Compañía del Ferrocarril de Madrid a Arganda la concesión de la prolongación a Arganda del Ferrocarril de Madrid a Vaciamadrid.

Y en diciembre de 1884 la nueva Compañía del Tranvía solicitó el cambio de tracción (a vapor), con nuevo proyecto. El Ministerio estuvo a punto de decirle que pidiera nueva concesión, pero le aplicaron la Ley de transformación del tranvía de Las Palmas al Puerto de la Luz y el expediente continuó.

Un informe oficial de enero de 1886 actualizaba la situación. Primero construyó 7 kilómetros hasta la Plaza de Vallecas, con ancho de vía de 1,44 metros. Posteriormente construyó otro trozo de 5,5 km., desde el pueblo de Vallecas a las canteras de yeso, con ancho de vía de un metro, que ahora sustituye a la vía ancha. Hay carril Loubat en Madrid, Haarmann en toda la longitud de la carretera y Vignole fuera de la carretera. No se aceptaba para el tranvía de vapor el paso por el puente colgante de Arganda, y no tendría más remedio que construir el nuevo puente. Claro que la Compañía podría desistir de llegar a Arganda después de servir las canteras de yeso situadas entre los kilómetros 13 y 15, teniendo en cuenta que ya es un hecho el ferrocarril de Arganda (que se inauguró el 30 de julio de 1886), ocupándose el tranvía sólo del servicio a Vallecas y las canteras. La Compañía tardó varios años, con nueva quiebra por medio, en plantear esta solución que se le brindaba desde la Administración.

En marzo de 1887 ya se había cambiado a vía métrica el trozo de Madrid a Vallecas. Y el 27 de junio de 1887 se modificó la concesión del tranvía de Madrid á Arganda por Vallecas, autorizando el cambio de motor animal a motor de vapor. Se reconocieron tres locomotoras de vapor, y se inauguró el servicio con tracción vapor entre Madrid y el pueblo de Vallecas (paso a nivel) en septiembre de 1887. Con quejas de los vecinos, se modificó el itinerario dentro del pueblo de Vallecas, y se abrió a la explotación desde Madrid a las Canteras el 11 de julio de 1888. El servicio de viajeros se limitaba a Madrid - Vallecas, y entre Vallecas y las canteras sólo circulaban trenes de transporte de piedras de yeso. A partir de ese momento, se produjeron peticiones, y autorizaciones, de ramales, tanto a las minas como a las fábricas de yeso.

Su competidor, la Compañía del Ferrocarril de Madrid a Arganda acordó en marzo de 1890 solicitar del Juzgado la suspensión de pagos. Por no ser menos, dos meses después también suspendió pagos la Compañía del Tranvía de Madrid a Arganda por Vallecas. Los acreedores eran el Crédito Moviliario Español, D. Isaac Pereire y M. S. Sulzbach y Compañía. Aprobado el convenio con los acreedores, la consiguiente modificación de Estatutos fue elevada a Escritura pública el 4 de noviembre de 1890. Total, llevamos dos suspensiones de pagos y vamos por la tercera Compañía.

La nueva Compañía solicitó, y se autorizó, la suspensión durante mes y medio de la explotación de la línea para realizar importantes obras de reparación. Y, por fin, esta tercera Compañía presentó una instancia en Fomento diciendo que renunciaba a la concesión entre las canteras y Arganda, por estar Arganda ya servida por el ferrocarril. Igualmente solicitaba que se incorporara a la concesión el ramal a las canteras y le concediera la posibilidad de establecer nuevos ramales. En fecha 10 de julio de 1891 se declaró oficialmente que la concesión quedaba limitada al trozo de Madrid a las Canteras, autorizando a la Compañía a implantar ramales, previa presentación y aprobación de los planos. La nueva Compañía se titula Compañía del Tranvía de Madrid a Arganda por Vallecas. El título de Compañía del Tranvía de Madrid a Vallecas y Canteras lo empezó a utilizar la Compañía en 1892, pero nunca fue oficial.

La realidad es que la nueva Compañía, en manos de los franceses, no acababa de levantar cabeza. Eran numerosas las quejas sobre el mal estado de locomotoras y material móvil. Incluso, el servicio de viajeros se hacía exclusivamente con una jardinera.

El competidor, el Ferrocarril de Arganda, también se declaró en quiebra en 1893, y se declaró la caducidad de las concesiones, pasando a ser explotado por el Estado.

Pasaban los años y el Tranvía de Vallecas continuaba una vida lánguida, llevando piedra de yeso desde las canteras a las fábricas. El servicio de viajeros era muy limitado, básicamente un tren cada hora y media, aunque en algunos momentos redujo las tarifas para los obreros, para incrementar el pasaje.

En marzo de 1908 la Compañía Madrileña de Urbanización (CMU), con Arturo Soria al frente, adquirió esta Compañía. Arturo Soria estimaba que, una vez construido su Ferrocarril de la Ciudad Lineal a Vallecas, y devuelto el Tranvía de Vallecas al ancho de vía de 1,445 metros, los materiales transportados y su itinerario encajaban muy bien en los planes de la Ciudad Lineal. Pero la Guerra Europea frustró los planes de Arturo Soria. 


El Tranvía de Vallecas en manos de la CMU. "La Ciudad Lineal", 10 de enero de 1914.

La explotación del Tranvía de Vallecas por la CMU proseguía sin mayores incidencias, hasta que el 21 de febrero de 1922 las obras del Metro entre el Pacífico y el Puente de Vallecas interrumpieron la circulación del Tranvía de Vallecas durante 44 días; el 25 de julio el servicio de viajeros se suspendió casi definitivamente, y así lo denunciaba Arturo Soria en escrito al Gobernador. En ese momento, a Pacífico sólo llegaba el servicio de viajeros del tranvía, que era el interrumpido por las obras y hundimientos del Metro.

El 13 de noviembre de 1922 Arturo Soria exponía al Gobernador civil que el Ayuntamiento de Vallecas estaba realizando obras en la calle de la Presilla, por lo que, por seguridad, no circulaban los trenes de viajeros. Desde ese momento, la interrupción del servicio de viajeros se hizo casi permanente. Ello provocó sucesivas reclamaciones de los vecinos, y sucesivos informes de Obras Públicas. Luego se descubrió que las obras en la calle de la Presilla no se hicieron cumpliendo los preceptos de la Ley Municipal, sino por motivos electorales.

En medio del general desconcierto, la CMU restableció el servicio de viajeros el 30 de julio de 1928, pero sólo hasta finales de agosto, en que la 3ª División de Ferrocarriles lo suspendió. Y todo parece indicar que ya nunca volvió a reanudarse el servicio de viajeros en este tranvía.

Los años 1929, 1930 y 1931 transcurrieron en medio de una general confusión. Se tramitaba el expediente de caducidad de la concesión, y mientras tanto se seguían dando plazos a la CMU para la reanudación del servicio. El servicio de viajeros era ya inútil, porque los vecinos de la Villa de Vallecas utilizaban los trenes de MZA, o los autobuses subvencionados por el Ayuntamiento que les llevaban a la estación del Metro del Puente de Vallecas. Los Ayuntamientos de Madrid y de Vallecas pedían la caducidad de la concesión, para proceder a la pavimentación de la calzada de la carretera.

 
Al mediodía del 29 de junio de 1931, el Gobernador Civil recibió la noticia de que en la barriada del Puente de Vallecas, unos grupos habían levantado el adoquinado y las vías de la maquinilla en algunas calles. Nos han contado que este hecho fue el final del Tranvía de Vallecas; no fue así. Esto no fue el fin del Tranvía de Vallecas, sino una algarada más. Lo de arrancar adoquines y levantar las vías del tranvía en cualquier algarada, era muy habitual en España, aunque en Madrid no estuviéramos acostumbrados.

Todo se lió cuando se intentó dar una orden a la CMU en 26 de noviembre de 1931, dándole un plazo de diez días para dar comienzo a unas obras de cambio de emplazamiento de sus vías, en relación con la pavimentación de la calzada; todo indica que esa orden nunca llegó a manos de la CMU. Reclamó la CMU ante el Tribunal Supremo que empezó a investigar en 1932; y llegó 1946 y el Tribunal Supremo dice que la CMU ha desistido de su recurso.


El levantamiento de la vía. "La Voz", 25 de diciembre de 1931.

El Ministro de Obras Públicas, Indalecio Prieto, visitó la barriada del Puente de Vallecas el 21 de diciembre de 1931 a requerimiento del Alcalde de Vallecas. Éste le pidió la supresión de la vía de la maquinilla, algo que el Ministro prometió. Prometió y cumplió. Al día siguiente, 22 de diciembre de 1931, una Orden Ministerial dispuso se procediera con toda rapidez al levantamiento de la vía entre los kilómetros 3,220 y 4,028 por el Circuito Nacional de Firmes Especiales, por cuenta de la CMU; tampoco esta orden fue comunicada a la CMU.

El Circuito Nacional de Firmes Especiales levantó la vía el 24 ó 25 de diciembre, respaldado por la ilegalidad ministerial. En abril de 1936 seguía sin encontrarse que la Orden hubiera sido comunicada a la CMU. No hubo declaración de caducidad de la concesión; ¿les dio vergüenza?

Siguiente capítulo: El Tranvía de Madrid a El Pardo.


Saludos.
José Antonio

jueves, 27 de febrero de 2014

El duro final de los tranvías de vapor de Madrid (2).


El Tranvía de Madrid a la Necrópolis.

Ese título de “Madrid a la Necrópolis” no es ningún nombre oficial. El nombre auténtico, cuando funcionó, era un tanto equívoco: “Ferrocarril Metropolitano de Madrid”. Pero no, no se refiere al Metro, el que va bajo tierra. Y hay que hacer esta advertencia porque es frecuente encontrar el error de que alguien adjudica al Metro (subterráneo) una locomotora de vapor (tipo tranvía) que lleva un rótulo con ese nombre, y que correspondía al tranvía de vapor que en este momento estudiamos.

 
Locomotora de vapor Abogradiz.

La historia de este Tranvía es uno de tantos culebrones que jalonan la historia de los tranvías madrileños. Y en el centro, un personaje, D. Federico Locatelli Abogradiz y Cattaneo, Conde de Locatelli, un personaje de la alta sociedad madrileña, que fue algo así como ayudante personal del Rey Amadeo de Saboya. Este personaje tuvo el acierto de solicitar al Ayuntamiento, en julio de 1873, la concesión por 99 años de un tranvía que daba la vuelta a Madrid, un tranvía de circunvalación, con inicio y final en la Puerta de San Vicente (estación del Norte), aplicando el Decreto de 14 de noviembre de 1868.

Tras varias modificaciones del proyecto inicial, el expediente se dejó en suspenso en diciembre de 1877, ya que el Ayuntamiento estaba estudiando un proyecto de tranvía que por el contorno de la población condujese los cadáveres a la entonces proyectada Necrópolis del Este. Pasaba el tiempo, y con la petición bloqueada por el estudio del tranvía municipal al Cementerio, Locatelli aprovechaba para oponerse a la mayoría de solicitudes de otros tranvías, como peticionario de un tranvía que solía denominar “de Contorno”.

Pero en 1880 se produjo una lamentable decisión del Ministro de la Gobernación, Romero Robledo, diciendo que el Ayuntamiento se olvidara del Cementerio del Este y construyera rápidamente un Cementerio en el Oeste. Con esto desaparecieron los motivos que bloqueaban el expediente, y Locatelli solicitó, y obtuvo, que se continuara el expediente, precisamente aplicando el Decreto de 1868, algo inconcebible en 1880. El Ayuntamiento le otorgó la concesión del tranvía de Circunvalación, de tracción animal, en febrero de 1881. En mi opinión, Romero Robledo y Locatelli fueron los causantes de la mayor picia tranviaria que sufrió Madrid.

El Ministro Romero Robledo rectificó su decisión sobre los cementerios, y el Cementerio del Este volvió a ser el objetivo. El Ministerio de Fomento aprobó en noviembre de 1881 el proyecto de tranvía mortuorio municipal, otro tranvía de circunvalación con motor de vapor y vía estrecha, destinado al transporte de cadáveres, con la limitación de que esa aprobación no incluía los tramos de calles, caminos o carreteras en que estuvieran construidos o concedidos otros tranvías. Esta limitación resultó determinante para la inviabilidad del proyecto tranviario municipal, ya que entretanto se habían concedido otros tranvías, principalmente el de Locatel
li.

Locatelli propuso al Ayuntamiento un arreglo. Como el Ayuntamiento había obtenido del Ministerio de Fomento la concesión de un tranvía de vapor ligado al expediente de la Necrópolis que en gran parte venía a coincidir con el suyo, por lo que el Ayuntamiento tendría que abonarle peaje, propuso modificar su concesión para ofrecer él directamente el servicio de transporte de cadáveres a los Cementerios utilizando su concesión; y que además el Ayuntamiento le cediera la concesión del tranvía mortuorio a fin de aprovechar los ramales incluidos en la misma.

El Ayuntamiento comprendió que lo más práctico era llegar a un acuerdo con Locatelli, utilizando la concesión de éste con algunas modificaciones, añadiendo los ramales de la concesión del tranvía mortuorio, y manteniendo la tracción vapor y la vía estrecha. El tranvía de Locatelli empezaba a llamarse Ferrocarril de Circunvalación. El Ayuntamiento aprobó el acuerdo, sobre unas bases muy favorables para Locatelli, el 1 de enero de 1883. La escritura de concesión se firmó el 7 de agosto de 1884.

La nueva concesión (del Ayuntamiento a Locatelli) era totalmente ilegal, pero nadie se atrevía a revolcarla. El Ayuntamiento no podía ceder a Locatelli la concesión del tranvía mortuorio, ni mucho menos podía transformar en vapor la concesión original de Locatelli. El Ayuntamiento había adquirido una serie de compromisos con Locatelli, como apertura de calles, que nunca cumplió. Tampoco Locatelli parecía que tuviera prisa en instalar el nuevo tranvía: se limitaba a utilizarlo para oponerse a todas las demás peticiones de tranvías. Llegó a montar unos cortos tramos de vía, en Carranza y en la Virgen del Puerto, para hacer valer sus derechos.

La piedra de toque fue la discusión con motivo de la concesión del Tranvía de Claudio Coello a Ferraz, momento en el que llegó a existir una Real Orden declarando nula la concesión municipal a Locatelli. Pero el Fiscal del Consejo de Estado fue autorizado a no oponerse a la demanda interpuesta por Locatelli contra la Real Orden que anulaba su ilegal concesión. Todavía puso Locatelli todas las pegas posibles a la instalación del Tranvía de Claudio Coello a Ferraz (coincidían los itinerarios desde Bilbao a Rosales).

Se formó la Compañía del Ferrocarril Metropolitano de Madrid, a la que Locatelli aportó su concesión por escritura de 16 de julio de 1891. Así que el nuevo nombre oficial del tranvía de vapor y vía estrecha era Ferrocarril Metropolitano de Madrid; nada que ver con el metro subterráneo. El Consejo de Administración estaba lleno de títulos nobiliarios, y había un representante de un grupo inglés.

La primera actuación de la nueva Compañía ante el Ayuntamiento fue reclamar en febrero de 1892 el cumplimiento por el Ayuntamiento de la escritura de concesión de 1884, en especial en lo que se refería a la apertura de calles. Y ofrecía ocuparse de esos trabajos, en condiciones económicas aparentemente ventajosas para el Municipio. Se acordaron las bases para la ejecución de esas obras, y se aprobaron el 23 de diciembre de 1893.

Pasaba el tiempo, y nada progresaba. En la prensa aparecieron algunas referencias a problemas económicos de la Compañía. En la Junta General de accionistas de la Compañía del Ferrocarril Metropolitano, del 15 de junio de 1898, se aceptó la proposición presentada por D. Jorge Alhemeyer (de La Continental de Nüremberg) para la adquisición de una parte del ferrocarril. Se alcanzó un primer acuerdo, en forma de contrato provisional, y se firmó una escritura el 9 de julio de 1898, en la que la Compañía del Ferrocarril Metropolitano se comprometía a obtener la autorización de cambio de tracción, de vapor a eléctrica.

Adelantándose a las distintas actuaciones, la Compañía obtuvo autorización para construir un pequeño ramal de vía por la calle de Alcántara, desde la esquina de la de Hermosilla en la bifurcación con la de Alcalá hasta el solar destinado a cocheras en la calle de Alcántara, esquina a la de Ayala; pero no podía usar ese ramal para servicio de viajeros.

El 14 de septiembre de 1898 el Ayuntamiento aprobó las bases para la admisión de la proposición hecha por la Compañía del Ferrocarril Metropolitano sobre ejecución de obras por cuenta del Ayuntamiento, modificando el acuerdo del 23 de diciembre de 1893. Entre otros puntos, el Ayuntamiento abriría la prolongación de la calle de O’Donnell, y la Compañía haría el paso elevado sobre el paso a nivel de San Antonio de la Florida. Y desaparecía el monopolio del traslado de cadáveres a la Necrópolis, que ya había negado el Ministerio.

El Ferrocarril Metropolitano solicitó del Ministerio la autorización de cambio de tracción. En el anuncio oficial de la solicitud se dice Tranvía de Contorno; al Ministerio no le gustaba que se le llamara Ferrocarril. El cambio a tracción eléctrica de la totalidad del Ferrocarril Metropolitano se autorizó el 15 de julio de 1899. La escritura del cambio de tracción se firmó el 5 de diciembre de 1899.

El 11 de diciembre de 1899 se firmó la escritura de cesión y venta otorgada por la Compañía del Ferrocarril Metropolitano de Madrid a la Sociedad Continental para Empresas de Electricidad, en cuyo nombre había negociado Ahlemeyer. Lo vendido era básicamente la línea urbana de circunvalación con origen y final en San Antonio de La Florida, más el llamado “ramal del Norte” y el ramalillo a la cochera de Alcántara. Esta parte vendida es la que se convirtió en una parte de la red de tranvías de vía estrecha de Madrid, en algunos momentos llamados “cangrejos”.

Con el dinero conseguido (no mucho, 500.000 pesetas) el Ferrocarril Metropolitano comenzó las obras de construcción de parte de su antiguo “ramal del Sur”, el que llevaba al Cementerio. Obtuvo autorización para la vía de entrada a las nuevas cocheras, desde la calle de O’Donnell al Paseo de Ronda. El lunes 20 de abril de 1903 tuvo lugar la prueba oficial, en la práctica la inauguración, de este tranvía. La línea arrancaba del Paseo de Atocha, en su confluencia con la calle de Alfonso XII, recorriendo el Paseo de María Cristina y la calle de Menéndez y Pelayo, y continuando por la calle de O’Donnell hasta el Paseo de Ronda, junto al Colegio de Nuestra Señora de Loreto, donde estaba la cochera y terminaba la línea. Aunque estaba autorizado el cambio a tracción eléctrica, utilizaba tracción vapor. Apertura al servicio público el 21 de abril de 19
03.

 Inauguración. Foto de Goñy en Nuevo Mundo, 29 de abril de 1903.

 
              Crónica en El País, 21 de abril de 1903.            

La Compañía del Ferrocarril Metropolitano solicitó prolongar la línea en 436 metros, hasta la Glorieta de Atocha. No se lo autorizaron.

El Ferrocarril Metropolitano necesitaba llegar al Cementerio si quería rentabilizar su inversión. Por ello, ante la inactividad municipal a la hora de prolongar la calle de O’Donnell, la Sociedad adquirió unos terrenos para poder salir a la Carretera de Vicálvaro; pero hacía falta que el Ayuntamiento construyera el puente sobre el Arroyo Abroñigal. El Ayuntamiento acordó la realización de esta obra con cargo a los Presupuestos de 1904.

Junta General extraordinaria de accionistas celebrada el 15 de enero de 1904. A propuesta del Consejo de Administración se redujo a la mitad el capital social, hasta la cifra de 1.500.000 pesetas. Una parte del problema radicaba en los accionistas morosos, que no aportaron el capital a que se habían comprometido. Y el ruinoso negocio de haber pagado un millón y cuarto de pesetas por la concesión (a Locatelli, buen negocio). Y los fuertes pagos a la compañía constructora de las obras de la línea de contorno, que fue “regalada” a La Continental, por 500.000 pesetas.

El resultado del ejercicio de 1904 fue decepcionante. Y las cuentas de la lechera son un cuento de hadas comparado con el desbordado optimismo del Consejo respecto a cuánto podrían estar ganando si ya estuviera funcionando el tranvía al Cementerio.

En algún momento, el Ferrocarril Metropolitano dejó de funcionar. La historia es muy confusa, y la poca información recopilada está contada en flash-back, diez años después, por un tema judicial. Rebobinando, digamos que en algún momento anterior al 30 de abril de 1906, probablemente en 1905, dejó de funcionar este tranvía.

Se sucedieron en distintos Juzgados reclamaciones económicas contra la Compañía, que dieron lugar a sentencias entre 1904 y 1907 con la venta en pública subasta de todos los bienes de la Compañía. Por ejemplo, para hacer efectivo el importe de las responsabilidades a que había sido condenada la Compañía, el Juzgado de 1ª Instancia del Distrito de Palacio embargó el 30 de abril de 1906 dos coches, el trazado, la vía, el edificio construido para cochera, y otros elementos. Cuando doce años después el Ministerio reclamó al Juzgado que no podía subastar la concesión, el Secretario del Juzgado mandó un informe señalando que el Ferrocarril no estaba en explotación cuando se procedió al embargo de la concesión.

Tras las decisiones judiciales, el tendido quedó abandonado. En las crónicas de sucesos aparecieron en distintos momentos referencias a robos de carriles.

Como si tuviera mala conciencia, el Ayuntamiento estaba obsesionado con que se declarara la caducidad de la concesión. Y el tema se paró definitivamente en 1924. D. Bibiano González, a título de concesionario del Ferrocarril Metropolitano de Madrid como adjudicatario de la subasta, elevó instancia que dio lugar a que se dictara la Real Orden de 2 de abril de 1924. El Sr. González pedía que se dejara subsistente la concesión del Ferrocarril Metropolitano y se cerrara el expediente de caducidad, fijándose un plazo de construcción que sólo empezaría a contar desde el momento en que el Ayuntamiento entregara explanadas y habilitadas las calles en que se había de colocar la vía. La Real Orden citada resolvió que no procedía resolver sobre la caducidad por ser imputable al Ayuntamiento la no existencia de vías explanadas. Y concediendo un plazo de dos años al concesionario para instalar el tranvía, desde que el Ayuntamiento entregara las calles. El Ayuntamiento no abrió las calles ni volvió a hablar del Ferrocarril Metropolitano. Y no hubo rescisión de la concesión.

Fue un tranvía de vapor respaldado por el Ayuntamiento, que anteriormente se había declarado contrario a la utilización de locomotoras de vapor en los tranvías madrileños. Un tranvía que nunca llegó a completarse (por culpa del Ayuntamiento) y del que ni siquiera sabemos cuándo dejó de funcionar. Y así terminó la vergonzosa historia del único tranvía urbano de vapor que hubo en Madrid.

Siguiente capítulo: El Tranvía de Madrid a Vallecas y Canteras.

Saludos.
José Antonio

lunes, 24 de febrero de 2014

El duro final de los tranvías de vapor de Madrid (1).

En Madrid tuvimos tres explotaciones de tranvías que en algún momento de su existencia tuvieron tracción vapor, por supuesto con concesión de tracción vapor, y que acabaron su existencia precisamente con tracción vapor:
  • Atocha a Cementerio del Este.
  • Madrid a Vallecas y Canteras.
  • Madrid a El Pardo.

Fueron tres explotaciones que acabaron de mala manera, que murieron “de muerte no natural”, como si una maldición las persiguiera. En siguientes entradas pasaremos revista a las circunstancias en que acabaron esas tres explotaciones,

La primera explotación, de Madrid a la Necrópolis, discurría toda ella por vías dependientes del Ayuntamiento de Madrid, y (aunque veremos que la historia es más complicada) a todos los efectos dependía del Ayuntamiento, que había dado la concesión a pesar de ser un tranvía de “tracción mecánica”.

Las dos últimas explotaciones citadas eran de tipo ”interurbano”. Aunque uno de sus extremos estaba en suelo del municipio de Madrid, su circulación no se realizaba por calles dependientes del Ayuntamiento, sino por carreteras que dependían de Obras Públicas, y por tanto el Ayuntamiento no tenía ninguna autoridad sobre ellas.

Para que no se me diga que olvido que hubo en Madrid otros tranvías que en algún momento de su existencia tuvieron tracción vapor, con o sin concesión de tracción vapor, empezaré por citarlos en esta entrada preliminar.


El Tranvía de Leganés.


El caso más llamativo, más conflictivo por más discutible, es el del “Tranvía de Leganés”, la línea que desde Madrid (inicialmente desde la Plaza Mayor, después desde la Puerta del Sol) se dirigía a los Carabancheles y Leganés. Concesión con tracción animal, que durante el Siglo XIX fue explotada por la Compañía General Española de Tranvías (CGET). En cuatro ocasiones, la CGET pidió autorización a Obras Públicas para utilizar locomotoras de vapor. Y Obras públicas dio esas autorizaciones, alguna no limitada en el tiempo pero sí limitadas a un determinado modelo de locomotora, “sistema Brown”; y efectivamente hubo una serie de pruebas y circulaciones en 1878 y 1879, e incluso después.

Una Real Orden de 23 de marzo de 1878, de la Dirección General de Obras Públicas, dirigida al Ingeniero Jefe de Obras Públicas de la Provincia de Madrid, dice: “Habiendo llegado a noticia de este Centro que se está explotando el tranvía de ésta a Leganés con motor de vapor, esta Dirección General encarga a V.S. le manifieste lo que haya acerca de este particular y en caso afirmativo quién ha autorizado a la empresa de dicho tramvía para sustituir el motor de sangre por el de vapor”. Y ésta es la contestación del Ingeniero Jefe de Obras Públicas: “Que no es exacto que la Compañía concesionaria explote con motor de vapor el Tramvía de Madrid a Leganés, y que si lo ha empleado algún día lo ha hecho en el concepto de ensayo de una locomotora, para lo cual fue autorizada por V.E. en 22 de Febrero último, sin limitación alguna de tiempo, antes bien, dejándola en completa libertad para que hiciese los experimentos necesarios”.

La CGET llegó a tener dos locomotoras, pero el Ayuntamiento no autorizaba su circulación por las calles de Madrid, tolerando su subida por el Paseo de los Ocho Hilos, nombre en aquél tiempo del tramo de la calle de Toledo entre la Puerta y el Puente; la cochera de la CGET estaba en la parte alta de ese tramo, muy cerca de la Puerta de Toledo. Cuentan que el día de la prueba oficial, a la vuelta se desengancharon los coches, que fueron subidos hasta la Plaza Mayor, cada uno por siete caballos; parece que eran coches pesados, específicos para tracción vapor.

Nos ha llegado un grabado de la época, cuyo texto produce confusión, ya que se titula “Inauguración del tren tranvía a los Carabancheles. 1879”. La inauguración del primer tramo de la línea de Leganés (de Plaza Mayor a la Puerta de Toledo) tuvo lugar el 10 de junio de 1877. La “inauguración” del grabado podría referirse a la primera circulación con locomotora de vapor, el 26 de febrero de 1878. El grabado es accesible aquí  y es el siguiente:



El autor es Jesús Evaristo CASARIEGO, y es fotografía de un grabado reproducido en una publicación periódica del siglo XIX. Número de inventario “Inv. 18709”, Museo de Historia. Reproducida bajo licencia Crative Commons.

Una providencia judicial de marzo de 1880 exige que se mantenga el tranvía “con un material fijo, móvil y de tracción, equivalente cuando menos al que ahora tiene, habiendo de consistir la tracción como mínimum en dos locomotoras y cien caballerías, o en seis locomotoras si se suprimiese el arrastre por sangre en toda la extensión del mismo tranvía”.

Y el periódico El Liberal del 16 de agosto de 1883 nos dice que en esa fecha todavía se utilizaban locomotoras de vapor: “Se nos ruega llamemos la atención del alcalde presidente sobre el sistema de locomoción que emplea la empresa del tranvía de Leganés, en el trayecto comprendido desde la Puerta de Toledo al puente del mismo nombre. La violenta pendiente de dicho trayecto, la bajan los coches sin mulas, recorriéndolo con gran velocidad y sin otra precaución que el freno del carruaje. Además del peligro que corren los viajeros, no es posible detener el coche con la rapidez que es necesaria en caso de que fuera interceptada la vía por cualquier motivo. La pendiente se sube con una máquina de vapor, que lo menos malo que tiene es su estado, que deja bastante que desear”.

Me reafirmo en que el Tranvía de Leganés nunca tuvo concesión como tranvía de vapor, y su concesión pasó de tracción de sangre a tracción eléctrica.



Los tranvías de la Ciudad Lineal.

“Tranvías de la Ciudad Lineal” era una denominación genérica, como lo era “Vías Férreas de la Ciudad Lineal”. Se refería a la explotación combinada de varias concesiones, unas tranviarias y otras ferroviarias, propiedad de la Compañía Madrileña de Urbanización (CMU). De esas concesiones, unas tranviarias y otras ferroviarias, algunas se iniciaron con tracción animal, otras arrancaron con tracción vapor y finalmente todas tuvieron tracción eléctrica. Fueran legalmente ferrocarriles o tranvías, y utilizaran tracción con animales, vapor o electricidad, siempre se explotó con vehículos tranviarios. El creador, impulsor y alma mater de la CMU fue D. Arturo Soria y Mata.

Algún día hablaremos en detalle de las distintas concesiones, ferroviarias y tranviarias, de la CMU. A los fines de esta entrada, señalaré tan sólo cómo era la red de la CMU, utilizando el plano que dibujó la misma CMU. Lamento la baja calidad de la reproducción, pero está extraído de un documento de la propia CMU.

Se comprueba que, expresado con los nombres actuales de las calles, el arco tranviario recorría Bravo Murillo, Mateo Inurria, Caídos de la División Azul, Cuesta del Sagrado Corazón, Arturo Soria y Alcalá. Desde la actual Plaza de Castilla salía una línea a Fuencarral, que se prolongaba con un ferrocarril a Colmenar Viejo. Desde la actual plaza de la Ciudad Lineal, otra línea continuaba por Alcalá hasta Canillejas. Además, Arturo Soria anhelaba llegar a una intercirculación de sus tranvías con los tranvías urbanos de Madrid. Pero falleció antes de que esos servicios fueran realidad, que finalmente lo fueron.


El arco tranviario de la CMU.  La Ciudad Lineal, 10 de enero de 1914.

Inicialmente, los tranvías de la Ciudad Lineal no pisaban calles que fueran responsabilidad del Ayuntamiento de Madrid. Solamente cuando en 1913 montó la línea de tranvía eléctrico al Colegio de la Paloma, entró en terreno responsabilidad del Ayuntamiento de Madrid. Los dos extremos del arco tranviario de la CMU eran Cuatro Caminos y Ventas. Para ser exactos, fuera de Cuatro Caminos y fuera de Ventas, en lo que eran oficialmente carreteras (y no calles): la carretera de Madrid a Francia por Irún (actual calle de Bravo Murillo) y la carretera de Madrid a Francia por La Junquera (actual calle de Alcalá), respectivamente.

A los efectos de esta entrada, quería tratar sólo dos detalles de la tracción vapor: el paso de tracción vapor a tracción eléctrica en el trozo de Hotel de Negro (actual Plaza de Castilla) a Fuencarral y la entrada por Bravo Murillo de trenes de vapor hasta los años 1930s.

Cuando la CMU tuvo que presentar suspensión de pagos en agosto de 1914 a causa de la crisis creada por el inicio de la Primera Guerra Mundial, había ido implantando la tracción eléctrica en todas sus líneas tranviarias a excepción de la de Fuencarral, para la que estaba acopiando materiales. La situación que se creó en España por el corte de suministros industriales y de combustibles a causa de la guerra fue dramática.

Arturo Soria presentó a Obras Públicas en agosto de 1914 una instancia exponiendo “que las circunstancias especiales por que atraviesa la Nación y la empresa que representa en particular, le obligan a suspender el servicio del tranvía de vapor de Madrid (Cuatro Caminos) a Fuencarral; teniendo en cuenta la subida considerable del carbón y estar a punto de agotarse las existencias de varias piezas de las locomotoras, de fabricación alemana, ballestas de suspensión, principalmente. Por lo cual suplica se autorice la suspensión de dicho servicio y la ejecución de las obras de electrificación de dicha línea, que tiene solicitada, y la inauguración tan luego esté terminada”. En octubre de 1914 se autoriza, con condiciones, “la suspensión de la tracción vapor entre Cuatro Caminos y Fuencarral, pero con la condición de que quede subsistente el servicio diario de cuatro tranvías ascendentes y cuatro descendentes, que combinan con el establecido en el ferrocarril de Fuencarral a Colmenar Viejo”.

Las piezas para las locomotoras tendrían que haber venido de Alemania, y el carbón de Inglaterra. Años después, Arturo Soria nos aclarará que uno de los problemas que tenía era el aceite de engrase, junto con la baja calidad de los (escasos) carbones nacionales. La CMU montó la línea aérea y los alimentadores, y puso en servicio los (insuficientes) tranvías que tenía. E inauguró la tracción eléctrica en esa línea el 11 de marzo de 1915.

Pasemos al segundo caso que quería comentar, también de la CMU: la circulación por Bravo Murillo, hasta los años 1930s, de trenes de vapor amparados por una concesión tranviaria.

En la historia de los tranvías de Madrid hay varios culebrones, que en unos casos mueven a ira y en otros mueven a risa. Uno de estos culebrones afecta a dos empresas competidoras; una de ellas obtuvo una concesión tranviaria de Madrid (Cuatro Caminos) a Fuencarral con ramal a Chamartín de la Rosa, y la otra un tranvía de Madrid (Cuatro Caminos) a Colmenar Viejo también con ramal a Chamartín. La primera consiguió poner en servicio el primer trozo de su línea, desde Cuatro Caminos a Tetuán. Y entonces la compró la CMU, consiguiendo así la concesión del primer trozo de su arco tranviario, de Cuatro Caminos a Chamartín.

Junto con la concesión, la CMU se hizo cargo de los enfrentamientos con la Empresa del tranvía a Colmenar Viejo que tenía buenas agarraderas, lo que no impidió que se cancelara su concesión. Pero Arturo Soria era muy hábil y llegó a un acuerdo para comprar la concesión y bienes de la otra empresa a cambio de que, una vez más, ejerciera sus influencias políticas y consiguiera que se rehabilitara la parte de concesión entre Cuatro Caminos y Fuencarral. La razón era simple: la otra empresa había tendido a lo largo de la actual Bravo Murillo una vía métrica que impedía que la CMU pudiera duplicar su vía de 1,445 m. Se rehabilitó esa parte de la concesión por Ley de 27 de junio de 1909, y se autorizó la transferencia de la concesión, el ensanche de la vía a 1,445 m. y la unión con la vía de la CMU por una serie de pasavías.


El Almacén de Bravo Murillo esquina a Tiziano. La Ciudad Lineal, 10 de febrero de 1926.

Esta concesión rehabilitada es habitualmente ignorada por quienes escriben sobre los tranvías de la CMU. Pero esa concesión rehabilitada correspondía a un tranvía de vapor entre Cuatro Caminos y Fuencarral. La CMU se aprovechó y metía por la línea tranviaria electrificada trenes de piedra procedentes del Ferrocarril de Fuencarral a Colmenar Viejo, locomotora de vapor incluida, desde Fuencarral hasta su almacén de la calle de Tiziano en Tetuán de las Victorias. Tetuán era un barrio de Chamartín de la Rosa, y ese Ayuntamiento protestaba. La CMU disimuló, transformando uno de los tranvías de viajeros en tranvía de servicio para remolcar los vagones del ferrocarril, pero todavía metía trenes con locomotora de vapor. Además, consta que los domingos había trenes de viajeros del Ferrocarril de Colmenar que entraban hasta Cuatro Caminos, con sus grandes coches de viajeros y su locomotora de vapor.

En el próximo capítulo veremos uno de los tranvías de vapor malditos, el de Madrid a la Necrópolis, del que sólo entró en servicio el trozo de Atocha a Doctor Esquerdo por Menéndez Pelayo y O’Donnell, dicho en términos modernos.

Siguiente capítulo: El Tranvía de Madrid a la Necrópolis.


Saludos.
José Antonio